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En busca de las Fuentes de Agua Ancestrales de los mayas

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TULUM, MX.- La investigación arqueológica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), “En busca de las fuentes de agua ancestrales”, que forma parte del proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), ha logrado identificar la conexión entre los sistemas Sac Actun y Dos Ojos, en el estado de Quintana Roo, estableciendo con esto la cueva inundada más grande del mundo, con una extensión de 347 kilómetros.

Cenotes, restos de megafauna y más

En el sistema Sac Actun se ha documentado la presencia de más de 200 cenotes que contienen un número similar de contextos arqueológicos, denominados “zonas de interacción”, entre los que se encuentran huesos de fauna extinta del Pleistoceno, como gonfoterios (elefantes antiguos), perezosos gigantes y osos, que son muestra de la importancia que tuvo este acuífero para el desarrollo de la vida en la zona desde hace miles de años.

Además de los restos pertenecientes a la última Edad de Hielo, se ha registrado un número importante de cuevas que dan acceso al acuífero del que Sac Actun forma parte, y que presentan un interesante patrón de modificaciones arquitectónicas, tales como muros, pasillos, altares, adoratorios y escalinatas, además de petrograbados en las paredes.

Debajo del agua se han registrado también diversas manifestaciones de actividad ritual llevada a cabo y que incluye, por ejemplo, cerámica “matada” ritualmente, vasijas del tipo “venenera”, incensarios, huesos humanos con manifestaciones de uso ceremonial y cráneos asociados a carbón.

El grado de conservación de los elementos es asombroso en la mayoría de los casos.

Éste es, sin duda, no sólo el mayor contexto arqueológico sumergido en el mundo sino probablemente el más completo, debido a la variedad de manifestaciones arqueológicas documentadas ahí, a la extensa temporalidad de más de 10 mil años que representa, a los atributos especiales de los elementos arqueológicos y, por supuesto, a su extraordinario estado de conservación.

Cenotes eran trampas mortales

Alrededor de estos elementos arqueológicos se ha desarrollado una serie de hipótesis que orientarán futuros trabajos en la zona.

Se piensa, por ejemplo, que a lo largo del Sistema Sac Actun (que en maya quiere decir cueva blanca), existen entradas al acuífero utilizadas desde tiempos inmemoriales, incluso cuando las cuevas se encontraban aún secas, pero debido a un posible cambio climático que pudo haber provocado una catástrofe ambiental al final del Pleistoceno y principios del Holoceno, y antes del gran deshielo que ocurrió en ese periodo, hubo épocas que combinaban la existencia de climas radicales que variaban de manera importante: grandes sequías que después se transformaron en lluvias constantes.

Durante las sequías, animales y humanos tendrían que penetrar cada vez más dentro de las cuevas, que se convertían algunas veces en trampas mortales.

A través de los siglos, y ya en la época prehispánica, el agua seguía siendo el factor determinante en la zona para el desarrollo cultural.

La antigua civilización maya que se desarrolló en la región percibía a las cuevas y, especialmente aquellas que daban acceso al agua, como los lugares de mayor sacralidad, como parte de su cosmovisión.

Peregrinación ritual

La serie de elementos arqueológicos relacionados con este sistema conducen al planteamiento de que pudo existir una actividad relacionada con una especie de peregrinación ritual, que parece haber establecido una ruta que va a lo largo de este enorme sistema acuoso, cuya importancia para la supervivencia humana y el desarrollo de la cultura maya en la zona fue primordial.

“La hipótesis es que estos asentamientos que se van formando a lo largo de esta cueva tienen que ver con la presencia de posibles elementos muy tempranos, probablemente de la Edad de Hielo, y que pudieran haber sido utilizados posteriormente por la civilización maya. Algunos elementos arqueológicos pudieran ser parte de una ruta de peregrinaje relacionada con los comerciantes”, refiere Guillermo de Anda, investigador del INAH y director del GAM.

Hallazgos

Algunas de las hipótesis anteriores se basan en el hecho de que entre estos contextos arqueológicos sumergidos destacan los siguientes:
– Osamentas de perezosos gigantes
– Dos contextos óseos humanos ubicados a distancias considerables de la entrada de la cueva: a 500 y 750 metros aproximadamente.
– Contextos funerarios y sacrificiales mayas con huesos que presentan evidencias de uso ceremonial, asociados a restos de carbón y material cerámico.
– Un sorprendente contexto probablemente dedicado al dios maya del comercio (Ek Chuah, deidad del cacao, de la guerra y benefactor de los mercaderes), que consiste en un cenote dentro de una cueva al cual se accede a través de una escalera prehispánica que llega al nivel del agua. Al centro del cenote, hay un montículo aparentemente natural que hace las veces de una isla, al centro de la cual se encuentra una vasija ofrendada. Debajo del agua puede verse una gran cantidad de restos de cerámica, entre los que se incluyen partes de un incensario Chen Mul, con la imagen de Ek Chuah.
– Se han registrado también contextos con huesos humanos quemados y con marcas de uso ritual.
– Diversos montículos de piedras a manera de marcadores o mojoneras, debajo del agua.
– Diversas construcciones y modificaciones de la cueva a manera de pasillos, así como altares y adoratorios.
– Diversas formas cerámicas y grabados en paredes de las cuevas.
Cabe mencionar que se han reportado anteriormente importantes contextos arqueológicos que se encuentran también en este sistema, tales como:
– Un cráneo de un individuo probablemente precerámico concrecionado al fondo de una cueva inundada y que presenta aparentes marcas de interacción con algún carnívoro.
– La mandíbula de un gonfoterio en el mejor estado de preservación, y que presenta todos los molares en posición anatómica.

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